Vivo en un departamento en planta baja, en un edificio de más de 50 años, en la zona de Belgrano (el bajo Belgrano o Belgrano chico, según cuándo te hayas mudado...). El departamento está en el contrafrente y tiene jardín. A todas las luces, es una joya en medio de la jungla de cemento. Sin contar los vecinos.
Hasta hace unos meses sólo tenía que lidiar con los gritos de los del 2do piso. Familia tipo: mamá, papá, nena y nene. Familia tipo gritona. Las peleas entre los conyuges, un deleite digno de telenovela venezolana. Los gritos a los menores, para hacer un manual de qué no hacer con tus hijos, de la A a la Z. Ya estaba acostumbrada los fines de semana a escucharlos pelear, volar platos, utilizar los epítetos más desagradables... Pero era sólo en fines de semana, y a la hora del almuerzo por lo general. Y llegaron los del 1ro.
Poco tiempo atrás se mudaron dos hermanos al 1ro. Al principio todo era amor y paz. Hasta que empezaron los viernes de amigos. Y hasta acá todo ok. Pero aún en invierno, con 2°C, dejan la ventana del living abierta mientras hablan a los gritos, y joden a los gritos hasta las 3am del sábado... Inadaptaditos de mi alma, viven en departamento, con otra gente, no solos, y tienen ventanas, ciérrenlas por favor, gracias!
Las palmas se las lleva mi vecina de planta baja. La vieja nunca fue buena vecina, nunca fue simpática, jamás tuvo palabras amables. No la quiere ni su familia. Cuando pusimos el cerramiento en el comedor diario, la vieja se ocupó de tapar con silicona los agujeritos de desagote de las ventanas, para que no se le mojara la medianera -no, porque si llueve y no hay cerramiento, la lluvia pasa de largo por tu medianera, vieja pelotuda-. Desde hace un tiempo que está postrada, sorda y la cuida una pobre chica que la padece. Su familia no la visita, apenas la hija de su marido (la hijastra), para controlar una vez por semana. El viernes pasado la vieja empezó a gritar y golpear las paredes con el bastón a las 4am: "Me están robando!! Ayúdenme!!! Me están robando!!!" Y la pobre chica que trataba de calmarla. Los gritos siguieron hasta las 6:30am a intervalos irregulares, cosa que yo no pudiera volver a dormirme...
El viernes nos habían invitado a pasar una noche en el Howard Johnson de Campana, para probar las instalaciones, ver qué tal el servicio, etc. Lo tomé como una excelente oportunidad además para descansar de los hermanos del 1ro y de la vieja de planta baja, y dormir decentemente una noche de viernes, luego de una semana verdaderamente masacrante.
Pero como siempre, la abuelita Beatriz estuvo presente con su viejo y recordado dicho: "Cuando la niña pobre sale a bailar...". Nos dieron una de las suites del hotel (tiene 2, una con dos camas twin y otra al lado, con una king size). El baño tenía un tema con la ventilación y apestaba. Y los vecinos... los vecinos! Nunca sabremos si el señor era un señor o una foca. Ella digna de canal Venus. Se entretuvieron toda la noche, generando en mí dos cosas: 1) mucha envidia y 2) ganas de matar al contructor por la pésima aislación acústica de las habitaciones. Estuvieron gran parte de la noche jadeando y gritando y gimiendo, y con renovados bríos comenzaron nuevamente a las 8:45am.
De todos modos, querida vecina de la habitación 144, no te lo cree nadie!!! Creo que si hacés una audición para PlayboyTV o Venus, entrás seguro!!!
En fin, en octubre me mudo. Entre mi vecino/a y mi cama, está mi baño. Del otro lado, el balcón y el pulmón de manzana. Espero dejar atrás las vociferaciones, las peleas familiares, las viejas molestas...
Y de vecinos cómo andan ustedes?
lunes, 30 de agosto de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
De los momentos de relax
Hace algunos años, cuando Galerías Pacífico era mi segundo hogar, junté una cantidad obcena de puntos en la tarjeta de fidelidad del shopping. Con esos puntos logré sacar dos pases de Spa para el que entonces era el Evian Spa (hoy Spa Ser). Los disfrutamos con la Paula Pi, que en ese momento lo necesitaba bastante...
En ese entonces comprendí que lo mío eran los mimos, que me mimaran, MUCHO, que me hicieran masajes, que pudiera tener a disposición un hidromasaje, una sala de relax con aromaterapia y mantas suavecitas, aguas saborizadas a voluntad... en fin, una vida de mimos y placer a full.
Este año para mi cumpleaños me regalaron un cupón para disfrutar de una hora completita de masajes (60' de manos y aceites esenciales recorriendo mi cuerpo desde la punta de la cabeza hasta los dedos meñiques de los piés), más uso de hidromasaje, sauna finlandés y sala de relax.
Tardé cuatro meses en encontrar un día ideal para disfrutar mi regalo, CUATRO MESES. Finalmente, la semana pasada, luego de tres semanas de eventos, reuniones, estrés laboral, llamé al Spa Ser y saqué turno para mi sesión de mimos.
Por supuesto que ese día me olvidé del voucher en casa, tuve que volver a buscarlo a la salida del trabajo (que queda a 10 cuadras del Spa y a 30 de mi casa), como era viernes no había un solo taxi, casi llego tarde y por supuesto más contracturada por la cantidad de plata que gasté en ir y volver.
Finalmente me dispuse a disfrutar de mi sesión de mimos. La primera hora, acostada sobre una camilla suave y bajo las expertas manos de mi masajista. Con ganas de quedarme a dormir en esa misma camilla, bajé a ponerme el traje de baño para disfrutar del hidromajase, con la idea de quedarme ahí adentro hasta que quedara toda hecha una pasita de uva, no solo los dedos de las manos y los pies.
Pero, como decía mi abuelita Beatriz, cuando la niña pobre sale a bailar, los músicos se van a pishar. Estaba yo muy contenta, sola, y relajada, en el sauna cuando escucho algo parecido a una bandada de loros barranqueros en el jacuzzi, pero más agudo. Cuando emerjo de los vapores aromatizados del sauna, veo con horror la siguiente escena: al centro del grupo, una señorita con una tiara de plumas y brillos blanca (de esas que se usan para las despedidas de soltera, sí), y rodeándola otras 3 ocas que graznaban sin parar.
Y ahí volví a mi estado granítico... mi momento de mimos y relax se había roto, con la presencia de una casada con un hijo y su charla sobre el pequeño, una embarazada, una de novia y la que se estaba por casar... Creí que me iba a dar alergia de tanta felicidad. Pero más allá de eso, lo que me puso de muy mal humor fue el poco respeto por las reglas... por el derecho al relax de los demás...
En fin, luego de tratar de volver a mi estado alfa por varios minutos, me duché, me vestí y me fui. Qué va'cer... a veces se gana, a veces se quiere matar a alguien...
Experiencias frustradas en los últimos tiempos? Alguno quiere compartir?
En ese entonces comprendí que lo mío eran los mimos, que me mimaran, MUCHO, que me hicieran masajes, que pudiera tener a disposición un hidromasaje, una sala de relax con aromaterapia y mantas suavecitas, aguas saborizadas a voluntad... en fin, una vida de mimos y placer a full.
Este año para mi cumpleaños me regalaron un cupón para disfrutar de una hora completita de masajes (60' de manos y aceites esenciales recorriendo mi cuerpo desde la punta de la cabeza hasta los dedos meñiques de los piés), más uso de hidromasaje, sauna finlandés y sala de relax.
Tardé cuatro meses en encontrar un día ideal para disfrutar mi regalo, CUATRO MESES. Finalmente, la semana pasada, luego de tres semanas de eventos, reuniones, estrés laboral, llamé al Spa Ser y saqué turno para mi sesión de mimos.
Por supuesto que ese día me olvidé del voucher en casa, tuve que volver a buscarlo a la salida del trabajo (que queda a 10 cuadras del Spa y a 30 de mi casa), como era viernes no había un solo taxi, casi llego tarde y por supuesto más contracturada por la cantidad de plata que gasté en ir y volver.
Finalmente me dispuse a disfrutar de mi sesión de mimos. La primera hora, acostada sobre una camilla suave y bajo las expertas manos de mi masajista. Con ganas de quedarme a dormir en esa misma camilla, bajé a ponerme el traje de baño para disfrutar del hidromajase, con la idea de quedarme ahí adentro hasta que quedara toda hecha una pasita de uva, no solo los dedos de las manos y los pies.
Pero, como decía mi abuelita Beatriz, cuando la niña pobre sale a bailar, los músicos se van a pishar. Estaba yo muy contenta, sola, y relajada, en el sauna cuando escucho algo parecido a una bandada de loros barranqueros en el jacuzzi, pero más agudo. Cuando emerjo de los vapores aromatizados del sauna, veo con horror la siguiente escena: al centro del grupo, una señorita con una tiara de plumas y brillos blanca (de esas que se usan para las despedidas de soltera, sí), y rodeándola otras 3 ocas que graznaban sin parar.
Y ahí volví a mi estado granítico... mi momento de mimos y relax se había roto, con la presencia de una casada con un hijo y su charla sobre el pequeño, una embarazada, una de novia y la que se estaba por casar... Creí que me iba a dar alergia de tanta felicidad. Pero más allá de eso, lo que me puso de muy mal humor fue el poco respeto por las reglas... por el derecho al relax de los demás...
En fin, luego de tratar de volver a mi estado alfa por varios minutos, me duché, me vestí y me fui. Qué va'cer... a veces se gana, a veces se quiere matar a alguien...
Experiencias frustradas en los últimos tiempos? Alguno quiere compartir?
lunes, 19 de julio de 2010
De los viajes 4
Llegar a Europa en estos tiempos es complicado. Ya desde que sacás el pasaje te meten miedo: las agencias ponen disclaimers sobre las posibilidades de que no te dejen entrar a los países Schengen, las necesidades de contratar seguros de viaje que cubran 30.000 euros, una carta de invitación, recibos de sueldo, tarjetas de crédito, etc.
Así que antes de salir de Buenos Aires hice todo lo que me recomendaban, saqué el seguro, me fotocopié los recibos de sueldo, imprimí la carta de invitación del Colegio para mi reunión de egresada, puse las tarjetas bien a mano.
Luego del viaje a los infiernos, sólo podía pedir que mi paso por migraciones fuera menos tortuoso. Me encomendé a Ganesh, el que abre las puertas, y me puse en la cola de extracomunitarios junto a un amigo que encontré en el vuelo (el muy guacho ni se enteró de todo lo que conté porque se durmió TODO). Cuando finalmente me toca pasar, entrego mi pasaporte y tengo a mano todos los papeles que me pueden llegar a pedir.
El policía ni siquiera me mira. No me dice ni buen día. No me pregunta ni a dónde voy. Me sella el pasaporte y me lo devuelve: Bienvenida a Roma, chiquita!!!!
Con mi único equipaje, una maleta de cabina, me dirijo exhausta pero feliz a la salida. Me espera Roma, mi ciudad en el mundo.
Por supuesto que mis dos celulares han muerto en vuelo, estoy sin batería y sin posibilidades de ponerme de acuerdo con Lucry sobre el punto de encuentro en Termini. Me compro una tarjeta para hacer llamados. Cómo han aumentado los precios, una tarjeta que compraba hace 5 años por 10 euros, ahora la pago 35. O me vieron la cara, o la crisis pega fuerte.
Logro comunicarme con Lucry, que está detenida en algún lugar de Roma por los Carabbinieri, porque su registro para conducir ha vencido hace 6 meses. Chau viajecito ráfaga a Roma... qué pena, voy a tener que volver.
Decido minimizar las pérdidas y me voy a comer un panino bien italiano: prosciutto e mozzarella. El día que los panaderos del mundo aprendan a hacer un pan como el de acá, seré feliz. Es un panino de aeropuerto, pero es delicioso! Crocante, doradito, ñam! Mientras como el panino, estreno la Moleskin, primera compra del viaje. Escribo el descenso a los infiernos made in Aerolineas.
Pero como algo bueno debo haber hecho en esta vida, cuando llego a la puerta de embarque de mi vuelo a Trieste, Roma me regala una puesta de sol que me deja sin palabras. Me siento y saco fotos con el celular y con la cámara. Le saco fotos al sol, a las golondrinas romanas que vuelan por el Leonardo Da Vinci, a mi pie frente al sol.
Pasaron 5 años desde mi última vez en Italia. Esta vez sin expectativas, sin ansiedades, sin nervios. Roma, sola y la puesta del sol, que a este punto va a culminar a las 21. Y yo que vengo del frío polar y la oscuridad, agradezco este sol de noche contemplando mis próximos días en silencio...
Así que antes de salir de Buenos Aires hice todo lo que me recomendaban, saqué el seguro, me fotocopié los recibos de sueldo, imprimí la carta de invitación del Colegio para mi reunión de egresada, puse las tarjetas bien a mano.
Luego del viaje a los infiernos, sólo podía pedir que mi paso por migraciones fuera menos tortuoso. Me encomendé a Ganesh, el que abre las puertas, y me puse en la cola de extracomunitarios junto a un amigo que encontré en el vuelo (el muy guacho ni se enteró de todo lo que conté porque se durmió TODO). Cuando finalmente me toca pasar, entrego mi pasaporte y tengo a mano todos los papeles que me pueden llegar a pedir.
El policía ni siquiera me mira. No me dice ni buen día. No me pregunta ni a dónde voy. Me sella el pasaporte y me lo devuelve: Bienvenida a Roma, chiquita!!!!
Con mi único equipaje, una maleta de cabina, me dirijo exhausta pero feliz a la salida. Me espera Roma, mi ciudad en el mundo.
Por supuesto que mis dos celulares han muerto en vuelo, estoy sin batería y sin posibilidades de ponerme de acuerdo con Lucry sobre el punto de encuentro en Termini. Me compro una tarjeta para hacer llamados. Cómo han aumentado los precios, una tarjeta que compraba hace 5 años por 10 euros, ahora la pago 35. O me vieron la cara, o la crisis pega fuerte.
Logro comunicarme con Lucry, que está detenida en algún lugar de Roma por los Carabbinieri, porque su registro para conducir ha vencido hace 6 meses. Chau viajecito ráfaga a Roma... qué pena, voy a tener que volver.
Decido minimizar las pérdidas y me voy a comer un panino bien italiano: prosciutto e mozzarella. El día que los panaderos del mundo aprendan a hacer un pan como el de acá, seré feliz. Es un panino de aeropuerto, pero es delicioso! Crocante, doradito, ñam! Mientras como el panino, estreno la Moleskin, primera compra del viaje. Escribo el descenso a los infiernos made in Aerolineas.
Pero como algo bueno debo haber hecho en esta vida, cuando llego a la puerta de embarque de mi vuelo a Trieste, Roma me regala una puesta de sol que me deja sin palabras. Me siento y saco fotos con el celular y con la cámara. Le saco fotos al sol, a las golondrinas romanas que vuelan por el Leonardo Da Vinci, a mi pie frente al sol.
Pasaron 5 años desde mi última vez en Italia. Esta vez sin expectativas, sin ansiedades, sin nervios. Roma, sola y la puesta del sol, que a este punto va a culminar a las 21. Y yo que vengo del frío polar y la oscuridad, agradezco este sol de noche contemplando mis próximos días en silencio...
jueves, 8 de julio de 2010
De los descensos al Averno - Cont.
Traspasado el umbral del control de equipaje de mano, y decidida a no salirme de mi eje zen de viajes, me calcé los auriculares en las orejas y, al ritmo de los Black Eyed Peas, me dispongo a exorcisar los demonios que me atormentan. Cual Guolo en discoteca, subo y bajo los hombros mientras repito cual mantra: "No me importa, no me importa", mientras espero una hora para hacer migraciones.
Ya dentro de la sala de espera, y sin tiempo para hacer una terapéutica visita al freeshop, nos llaman a embarcar casi inmediatamente. Primero llaman al Arca de Noé en todas sus presentaciones: familias enteras con niños de las más diversas edades pre-adolescentes y... y... UN GRUPO DE ADOLESCENTES DESENFRENADOS EN CAMINO A UN VIAJE DE ESTUDIOS / EGRESADOS!!!!!!!!!!!!!!! Este nuevo elemento en mi viaje amenazaba con hacer de mi travesía un descenso al Averno, pero a 10.000 pies de altura. Como siempre, Murphy demuestra su ley en todas sus aplicaciones. Juro que no estoy inventado nada...
Llego a mi asiento, y esto recién empieza: Familia Telerín que viaja por primera vez con cría de 2 años, sentada delante de mí, cuyo padre anuncia a todo el avión: "Yo pagué el asisento de la nena!!!", mientras exige que los acomoden nuevamente, ya que les dieron un asiento separado (son él, su esposa y la pequeña), al otro lado del pasillo. Toda la escena me remite a Pinti, cuando habla de los argentinos que viajan a Italia...
La niña lloró, gritó y rompió la paciencia todo el viaje, a intervalos regulares, mientras se turnaba con la vieja italiana que se levantaba de su asiento para ir al baño, y pasaba por el mío y sacudía mi respaldo cual terremoto chileno. O sea, entre los dos extremos etarios no me dejaron pegar un ojo. Apenas lograba conciliar un mínimo de sueño, tarea álgida en los excelsos asientos que se reclinaban generosamente 5°, o lloraba la cría o era el turno baño de la vieca. Gracias Odino...
Debo decir que había gente en el avión que la pasaba peor que yo. Se llevaban los premios al viajero abnegado y por qué no, un poquito pelotudo. La primera vez que voy a buscar agua a la estación de azafatas, observo dos señoras sentadas en el espacio de la puerta, una sentada en el asiento que usan las azafatas para el despegue y aterrizaje, la otra sobre una caja de aluminio, las de almacenamiento. Pensé que estarían cansadas de sus asientos, o de los gritos de la niña, o el terremto de alguna vieja... Ingénua!!! El vuelo estaba tan pero tan lleno y sobrevendido que había tres personas sentadas en lugares improvisados, seguramente ilegales y potencialmente peligrosos, para todos...!
De este primer tramo de viaje saco entonces un par de conclusiones:
1) Así como muchos piden el voto calificado, yo exigo y demando emisión de pasaporte calificado, así me ahorran la vergüenza ajena!!!!
2) Aerolíneas Argentinas es una mierda. No sé cómo levanta vuelo el avión en el que viajo, parece de la época de los hermanos Wright.
Stay tunned, más a venir...
Ya dentro de la sala de espera, y sin tiempo para hacer una terapéutica visita al freeshop, nos llaman a embarcar casi inmediatamente. Primero llaman al Arca de Noé en todas sus presentaciones: familias enteras con niños de las más diversas edades pre-adolescentes y... y... UN GRUPO DE ADOLESCENTES DESENFRENADOS EN CAMINO A UN VIAJE DE ESTUDIOS / EGRESADOS!!!!!!!!!!!!!!! Este nuevo elemento en mi viaje amenazaba con hacer de mi travesía un descenso al Averno, pero a 10.000 pies de altura. Como siempre, Murphy demuestra su ley en todas sus aplicaciones. Juro que no estoy inventado nada...
Llego a mi asiento, y esto recién empieza: Familia Telerín que viaja por primera vez con cría de 2 años, sentada delante de mí, cuyo padre anuncia a todo el avión: "Yo pagué el asisento de la nena!!!", mientras exige que los acomoden nuevamente, ya que les dieron un asiento separado (son él, su esposa y la pequeña), al otro lado del pasillo. Toda la escena me remite a Pinti, cuando habla de los argentinos que viajan a Italia...
La niña lloró, gritó y rompió la paciencia todo el viaje, a intervalos regulares, mientras se turnaba con la vieja italiana que se levantaba de su asiento para ir al baño, y pasaba por el mío y sacudía mi respaldo cual terremoto chileno. O sea, entre los dos extremos etarios no me dejaron pegar un ojo. Apenas lograba conciliar un mínimo de sueño, tarea álgida en los excelsos asientos que se reclinaban generosamente 5°, o lloraba la cría o era el turno baño de la vieca. Gracias Odino...
Debo decir que había gente en el avión que la pasaba peor que yo. Se llevaban los premios al viajero abnegado y por qué no, un poquito pelotudo. La primera vez que voy a buscar agua a la estación de azafatas, observo dos señoras sentadas en el espacio de la puerta, una sentada en el asiento que usan las azafatas para el despegue y aterrizaje, la otra sobre una caja de aluminio, las de almacenamiento. Pensé que estarían cansadas de sus asientos, o de los gritos de la niña, o el terremto de alguna vieja... Ingénua!!! El vuelo estaba tan pero tan lleno y sobrevendido que había tres personas sentadas en lugares improvisados, seguramente ilegales y potencialmente peligrosos, para todos...!
De este primer tramo de viaje saco entonces un par de conclusiones:
1) Así como muchos piden el voto calificado, yo exigo y demando emisión de pasaporte calificado, así me ahorran la vergüenza ajena!!!!
2) Aerolíneas Argentinas es una mierda. No sé cómo levanta vuelo el avión en el que viajo, parece de la época de los hermanos Wright.
Stay tunned, más a venir...
martes, 6 de julio de 2010
De los descensos al Averno
Todos hemos hecho alguna vez uno de esos viajecitos de los que nos hemos arrepentido... Si solo hubiera viajado en otro momento, si hubiera tenido plata para business, si me hubiera sentado en otro asiento... Es así como a veces viajamos al Averno.
Escribo estas líneas mientras me como el primer panino italiano, con prosciutto de verdad y mozzarella de verdad. Escribo en una Moleskin nueva. Hermosa. Muy a lo Hemingway. Pero traspaso los primeros apuntes de viaje de una bolsa para vómitos de Aerolíneas Argentinas. Que a decir verdad se adapta muy bien a la temática que apunté durante 13 largas horas de viaje. 13, un presagio.
Mi mamá, mi abuela, y la sabiduría popular enuncian: "Lo barato sale caro". Tal vez no en términos netamente económicos o financieros, me explayo un poco más: Compré para este viaje de una semana a Italia, el boleto más barato con disponibilidad que era Aerolíneas Argentinas. Más allá de la ventaja de ser un vuelo directo a Roma, no hay más nada. No hay más ventajas. Tal vez llegue a horario, tenga todas las comidas incluidas, bebidas no alcohólicas libres durante todo el viaje, pero saben qué?, las secuelas psicológicas que este vuelo ha dejado en mí, sólo podrán ser curadas con muchos años de terapia, MUCHOS.
Empecemos con un breve racconto del pre-embarque. Aerolíneas Argentinas tiene su propia terminal en Ezeiza, la terminal B. Hace honor a su nombre: Es B en todos los sentidos. Para pasajeros de segunda clase. Poco espacio, mucha gente, poco personal. Las muestras de civilidad por mi parte fueron tomadas de mala manera por una señora mayor ("para pasar con esa m... tanto apuro") a la que mi padre contestó: "pero qué fina la señora!".
Hacer seguridad y migraciones, un parto. Un sólo scanner para procesar dos vuelos. Dos de los grosos: Roma y Madrid. Visualizan la cosa, imaginan bien? Bueno, es peor. Sobre todo cuando tus peores pesadillas se materializan en el cuerpo de 10 adultos y otros tantos bambini que pasan delante de mí, porque los menores tienen prioridad, y anuncian a los gritos "Vamos a Roma!!!"
Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Escribo estas líneas mientras me como el primer panino italiano, con prosciutto de verdad y mozzarella de verdad. Escribo en una Moleskin nueva. Hermosa. Muy a lo Hemingway. Pero traspaso los primeros apuntes de viaje de una bolsa para vómitos de Aerolíneas Argentinas. Que a decir verdad se adapta muy bien a la temática que apunté durante 13 largas horas de viaje. 13, un presagio.
Mi mamá, mi abuela, y la sabiduría popular enuncian: "Lo barato sale caro". Tal vez no en términos netamente económicos o financieros, me explayo un poco más: Compré para este viaje de una semana a Italia, el boleto más barato con disponibilidad que era Aerolíneas Argentinas. Más allá de la ventaja de ser un vuelo directo a Roma, no hay más nada. No hay más ventajas. Tal vez llegue a horario, tenga todas las comidas incluidas, bebidas no alcohólicas libres durante todo el viaje, pero saben qué?, las secuelas psicológicas que este vuelo ha dejado en mí, sólo podrán ser curadas con muchos años de terapia, MUCHOS.
Empecemos con un breve racconto del pre-embarque. Aerolíneas Argentinas tiene su propia terminal en Ezeiza, la terminal B. Hace honor a su nombre: Es B en todos los sentidos. Para pasajeros de segunda clase. Poco espacio, mucha gente, poco personal. Las muestras de civilidad por mi parte fueron tomadas de mala manera por una señora mayor ("para pasar con esa m... tanto apuro") a la que mi padre contestó: "pero qué fina la señora!".
Hacer seguridad y migraciones, un parto. Un sólo scanner para procesar dos vuelos. Dos de los grosos: Roma y Madrid. Visualizan la cosa, imaginan bien? Bueno, es peor. Sobre todo cuando tus peores pesadillas se materializan en el cuerpo de 10 adultos y otros tantos bambini que pasan delante de mí, porque los menores tienen prioridad, y anuncian a los gritos "Vamos a Roma!!!"
Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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