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miércoles, 28 de abril de 2010

De los viajes 2

Alguien alguna vez dijo: "El infierno son los demás"

Nada más cierto cuando se viaja en avión con niños. Sentados en el asiento de atrás tuyo. Que temen volar. Y que te patean el asiento cada 5 segundos. Y lloran. Y son dos. Hermanitos.

Claro, peor hubiera sido la travesía en barco, 3 horas, con tormenta, y los niños: llorando, vomitando y corriendo como desaforados... Ah, no es cierto, esa ya la pasé también.

Cuando Pipo Pescador cantaba "el viajar es un placer que nos puede suceder" solo pensaba en el auto de papá, nunca en estas escenas dantescas, que hacen que el más paciente se convierta en un Herodes cualquiera... Confieso que yo soy de las que menos paciencia tiene y que cuando los niños son completamente ajenos (no mis sobris o ahijada), los sometería a todos a viajar en bodega - no importa si es en barco o avión eh...

Claro que hilando más fino, se puede argumentar que la culpa no es de los niños, sino de sus padres, que no les ponen límites, que los dejan gritar desaforados, que ya - inmunizados de sus monerías y tropelías - no los ven ni los escuchan. A los padres los ataría de las alas de los aviones o les daría un par de esquíes de agua para viajar atados a una soga, a unos 100 metros del barco...

Me van a decir que soy una intolerante, que es porque no tengo hijos, que no siempre se los puede controlar. Tienen razón. No lo niego. El infierno son los demás. A veces los demás soy yo.

Cuáles son sus infiernos?

jueves, 4 de febrero de 2010

De qué pasa cuando no me voy de vacaciones...

Este año decidí que, en vistas a mi reunión de 20 años de egresada del colegio, me iba a tomar mis tres semanas de vacaciones en julio.

Me tomé el fin de semana largo de fin de año para irme a Mar del Plata y esperaba que esos 4 concentradísimos días sirvieran para tirar hasta la Semana Santa. Más allá de que ese fin de semana la pasé genial y me desenchufé como si fuera una semana en vez de 4 días, la cosa es que hoy, 4 de febrero me encuentro deseando, añorando unas vacaciones cortitas, mínimas, aunque sean de minutos, para poder llegar sí a Semana Santa.

No es que no haga cosas para desenchufarme y descansar los fines de semana: pileta en casa de amigas (gracias Fifu), salidas al cine, teatro, siestas interminables... Pero dónde está la playa? Dónde una hamaca paraguaya para dormir bajo el cocotero? La piña colada en la pileta? Eh?

Todavía no inflé la pileta de casa (1 metro de diámetro, 20 cm de profundidad -o eran 15?-). A lo mejor es eso, el tener que bancarme el calor y los mosquitos en la ciudad de la furia, sin siquiera mojarme las patas cuando salgo de la oficina... Tal vez sea la nostalgia de las playas doradas o blancas o el color que te guste punto com de Costa Rica... Lo que sé es que tengo unas ganas incontrolables de tomarme vacaciones. YA!

Y ustedes qué decidieron hacer con su verano?

lunes, 4 de mayo de 2009

De las vacaciones 3

Muchas veces pienso que tiene que haber algún tipo de conexión entre el hombre y los caracoles que se juntan en la playa. Más allá de los chistes fáciles.

Qué es lo que hace que cuando vamos a la playa, recojamos cualquier tipo de caracolito conchilla o coralito que encontramos? De nuevo, sin chistes fáciles…

Y no es un fenómeno que se circunscribe a mi familia. O a mi nacionalidad! Buscando instrucciones para pulir caracoles, encontré un sitio de Carolina del Norte, en el que manifestaban la misma fascinación que comparto por los cadáveres de los molusquitos…

Pero en Montezuma la cantidad de caracoles y corales es tal que se puede hacer una selección, hay variedad, hay calidad… Es como ir al Jumbo de los caracoles!

En la Isla Tortuga, que es un parque nacional – como el 75% creo del territorio tico, la playa está tan regada de corales que los tienen que barrer y meter en bolsas para que la gente pueda caminar por el pedacito de playa habilitado para tal fin. El resto de la isla está vedado a los visitantes mamíferos de dos patas de la especie Homo Sapiens…


Ustedes también coleccionan pedazos de vacaciones en forma de caracoles? Les pasa que juntan millones y luego tienen que pagar exceso de equipaje en el aeropuerto?

martes, 28 de abril de 2009

De las vacaciones 2

Trabajo todo el año con italianos y argentinos. Me la paso todo el año escuchando a los tanos hablando en español y a los argentos tratando de hablar algo parecido al italiano. Y viviendo en la ciudad de Buenos Aires, claramente el porteño es mi banda de sonido.

Recorrí 8 horas de avión, 1 de ferry y 4 de auto para llegar a un lugar paradisíaco para qué? Para tener la misma banda sonora del resto del año en mis únicas vacaciones. Sí señores: Costa Rica está plagada de argentos y tanos. Montezuma es un reducto italoargentino. Los ticos (como se autodenominan los costarricenses) son una franca minoría.

Lo bueno de esto es que:
- La comida es muy buena, todos los restós son italianos
- Los tipos que ves por la calle son buenos mozos

Porque aceptémoslo de una buena vez, el argentino será histérico, machista, demasiado futbolero, pero es un bombón.

En fin, luego del primer shock de escuchar los mismos acentos de siempre, nos dedicamos con mamá a recorrer Montezuma, que en lenguaje femenino no es más que hacer scouting de los locales comerciales para saber de antemano en dónde íbamos a gastar plata.

Esa misma tarde de la llegada me di mi primer chapuzón en el mar, en la playa Montezuma. Si mi idea era la de hacer la plancha en el mar, disfrutar de la quietud y la paz, me había equivocado de playa… Montezuma es tierra de surfers. Pero bue, por lo menos el agua, si bien las olas eran poderosas, el agua estaba a una temperatura maravillosa, tibia, pero no caliente.


Para mi madre el shock fue otro. Como les conté, es profesora de un Colegio del Mundo Unido. Y los alumnos también tenían vacaciones. Y a dónde fue una buena porción de los niños? A Montezuma. Todo bien, nos los cruzábamos en la playa, en la calle, en los restós… pero no estaban comiendo, estaban cantando y tocando algún instrumento a la gorra… Ah, aquellos tiempos en los que me iba a dedo a Venecia… Qué lindo que es ser empleada en relación de dependencia y dormir con aire acondicionado (no en carpa)!!!!!

De las vacaciones

Les debo las anécdotas del viaje en sí, más que los tramos aéreos que, seamos sinceros, mejor dejarlos para el olvido. Pero Copa, sépanlo, los voy a defenestrar en todos los medios posibles a mi alcance... Voy a contratar a un diseñador gráfico nada más que para que me haga un dibujito para poner en el blog y pasárselo a todos los bloggers amigos que diga: COPA APESTA!

Bien, dejando de lados los exabruptos que ciertas líneas aereas me provocan, voy a contarles de la primera semana de vacaciones. Mi madre, profesora en un Colegio del Mundo Unido, tenía una semana de vacaciones durante Pascuas, así que nos montamos en el poderoso Suzuki Sidekick Sport 4x4, y encaramos para la Península de Nicoya, para ir a Montezuma, a disfrutar de nuestras merecidas vacaciones.

Las rutas en Costa Rica están lejos, muy lejos de parecerse a algo como las Autopistas del Sol o la Ruta 2. O sea, sí hay peajes, y algunas están en excelentes condiciones, pero como el país está cruzado desde el Noroeste hacia el Sudeste por una cordillera, nada es en línea recta. 100 kilómetros te pueden llevar en términos de tiempo el doble que en nuestro llanísimo territorio hacia la costa.

Para llegar a la punta de la península, hay que tomar un ferry o cruzar por un puente, pero que te alarga el camino por 10. Salimos relativamente temprano de casa, en Costa Rica amanece a las 4:30 am - salimos tipo 6, y llegamos a Punta Arenas (de donde sale el Ferry) a eso de las 8 de la mañana.

Al llegar, buscamos el lugar de salida del Ferry, y nos pusimos a hacer la cola para poder embarcar. Acostumbrada al Buquebus, esta experiencia fue una aventura. No sólo no se saca el boleto con anticipación, si no que, hasta que no estás más o menos a metros del Ferry, no sabés si vas a viajar o no.

El sistema es el siguiente: Dependiendo de la nave que sea, entran entre 30 y 130 autos. Pero si suben vehículos más grandes, la ecuación cambia. Entonces, como si jugaran al tetris, van haciendo entrar autos, micros y hasta camiones en el ferry. Si no estás entre los primeros autos de la fila, tenés que esperar a que acomoden las formitas para saber si entrás o no. Cuando saben si entrás, te dan un papelito con el que vas a la boletería a sacar los boletos. Nadie te pide documentos del auto, modelo, nada.

En el ferry la travesía es más bien tranquila, podés optar por viajar en el exterior o en una sala que a veces tiene aire acondicionado, barcito, etc., parecido a Buquebus.

El puerto de llegada es Paquera. Desde ahí, hay que buscar la ruta que te lleva a tu destino. Como no hay muchas opciones o rutas, la verdad es que es bastante directo. Pero siempre te puede pasar que no veas el cartel que dice Montezuma, donde hay que doblar a la derecha y termines por un camino de tierra y piedras, directo a Mal País (sí, el lugar se llama así).

Más o menos a los 5km (que por camino de piedra parecen como 20), dimos la vuelta y encaramos para el lado que teníamos que ir. Y llegamos... un lugar estupendo...



Y acá nos quedamos una semana. Luego de tantos kilómetros, travesía, y caminos complicados, me sentía completamente lejos del mundo, lejos de mi mundo. Hasta que oí los primeros acentos en el pueblo...